Arlington, Texas— Manny Pacquiao llegó ayer al Cowboys Stadium en un autobús con su imagen y con asientos llenos con los miembros de su comitiva.
Se dirigió a la parte formal de su presentación usando un llamativo sombrero de paja y un blazer oscuro. Pronto cambió el saco deportivo por una chamarra roja con su logo MP grabado en hilo dorado.
Habló acerca de su próxima candidatura en las elecciones para el Congreso de su país, Filipinas.
Habló de cantar –la noche anterior había ensayado con su banda, teniendo programada una sesión más ayer, todo a fin de prepararse para cuando se presentara en la fiesta posterior a su pelea del sábado.
Oh, sí. El combate.
El sábado en la noche Pacquiao se enfrenta a Joshua Clottey en el debut boxístico del Cowboys Stadium de mil 200 millones de dólares. Se trata de un encuentro interesante y perfecto para un estadio de futbol –la furiosa ofensiva de Pacquiao contra la dedicación a la defensa de Clottey– y se verá asombroso en las pantallas de video de 72 pies de alto y 160 de alto que hay encima del cuadrilátero.
Se espera que 45 mil aficionados agoten las entradas, siendo posible que la asistencia se dispare si el propietario Jerry Jones decide vender boletos para un salón en que se esté sólo de pie.
Reúna los elementos y todo tiene un sentido perfecto: el campeón welter de la OMB –considerado ya el mejor pugilista libra por libra del mundo– está manejando su semana entera como una gran actuación, especialmente si gana las elecciones y decide dedicar más tiempo a la política que al boxeo.
“Me siendo inspirado a dar un buen show, a dar lo mejor”, dijo Pacquiao, sonriendo. “Para impresionar a la gente, uno tiene que dar lo mejor de sí mismo”.





